"Donde se cuenta la graciosa
manera que tuvo don Quijote en armarse caballero"
Después de la cena, don Quijote va a
la caballeriza y se pone de rodillas ante el ventero y le pide que le dé la orden de caballería y permiso para velar sus armas en la capilla. Con la
sospecha de que don Quijote ha perdido el juicio, el ventero le sigue el juego
y le dice que también tuvo sus propias aventuras de caballero cuando era más
joven y que puede velar sus armas en el patio del "castillo", ya que
la capilla está en obras.
El ventero le pregunta si trae dinero
y don Quijote le responde que no porque nunca leyó en los libros de caballerías que traían dinero. El
ventero le explica que era un detalle menor que los autores no mencionaron y le
recomienda que además de dinero lleve encima camisas, ungüento para curar
heridas y otros víveres necesarios.
Don Quijote pone sus armas sobre la pila en el patio para velarlas
durante la noche, pero llega un arriero quien quiere darles agua a sus mulas.
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